sábado, 26 de junio de 2010

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE



Peliculón de temática antibelicista, producido en 1929 y ganador de dos Oscars en la ceremonia de 1930.
Quizás no es muy conocida para el gran público ya que es relativamente antigua y no está considerada tampoco como aquellas esenciales de los orígenes del cine, además ya muestra una técnica más depurada, tanto en fotografía, iluminación y sonido. Después hablaremos de la fotografía, porque quiero hacer hincapié en el sonido, para mi un prodigio. Es algo estremecedor, cuando se admira la película, que los sonidos de fondo y otros planos estén tan bien montados. Si nos fijamos en el año de facturación, 1929, y os habéis leído las entradas anteriores, sobre todo cuando hablo de la historia del cine en el nacimiento del cine sonoro, encontraréis que el sonido empezó a utilizarse ya de manera estándar en 1927, con el cantor de jazz, amén de algunas pruebas hechas anteriormente. En esa época los micros debían estar convenientemente camuflados porque se necesitaba captar el sonido cerca de la fuente, y además debía estar orientado porque no captaba el sonido redundante o estéreo. Teniendo esos datos en cuenta es asombroso oír de fondo el desfile de las tropas, los papeles volando por el aire y el sonido de la lluvia, por poner algunos ejemplos.
Es una obra llena de artesanía, en la elección de la profundidad de campo que se debe usar en el foco, con la restauración de la película, da cierta sensación de varios planos solapados, como el 3D y  el volumen de las películas actuales, es algo prodigioso. Se nota algo de grano propio de las películas de la época, porque las películas no eran de muy alta sensibilidad, por lo tanto usaban el ISO, que mejor captaba la luz, aunque con mayor nivel de fotosensibilidad, aumenta el grano de la emulsión.



La historia versa sobre la inocencia perdida de unos jóvenes e idealistas patriotas enardecidos por las arengas de su profesor, deciden alistarse en las milicias para defender a su país en la primera guerra mundial.
La guerra trastoca sus malogrados planes, los incita a vivir el día a día sin más recompensa que levantarse a la mañana siguiente. La guerra acaba con su inocencia y los pocos que sobreviven tendrán que aprender a llevar el pesado recuerdo de lo que sucedió en las trincheras.
La temática antibelicista indaga sobre las eternas excusas, razones, porqués y sin porqués de la guerra. Habla de la frágil condición humana, de cómo se ve alterada y envalentonada en pos de una vena patriótica que entorpece a veces la simple verdad, y es que una guerra no es beneficiosa para nadie bajo ningún concepto. Solamente aquellos que se escudan detrás de falacias y falsos argumentos que velan la verdad y el entendimiento, serán capaces de llevar a una generación a la perdición total, si bien no por la guerra en sí, por sus secuelas serán inhábiles para la vida.
Los jóvenes que esta película muestra son vivos, vitales, con ideales y con ganas de hacer algo que los conduzca a la gloria. Pronto descubren que la guerra no es un lugar para soñar en medallas, más bien es un lugar para soñar en que mañana puedas abrir los ojos otra vez.
Aprenden de unos hombres curtidos, hechos a los golpes, insensibles, hombres desencantados que ya nada esperan porque sus sueños se han esfumado en interminables noches de bombardeos. Cada día que pasa se van pareciendo unos a otros hasta que al final todos son una misma persona, sienten y padecen los mismos sufrimientos, experimentan las mismas alegrías, con lo que llegan a formar un vínculo afectivo ferreo, que ni siquiera la noticia de la vuelta a casa les hace desistir de los amigos en el campo de batalla. Ya no son niños, ya son hombres, y hombres cambiados, hombres que han sido adoptados por la guerra.
La escena final, una de las más bonitas, oníricas y que envuelven muy bien el argumento completo de la película muestra como Paul, el soldado ve a una mariposa, e intenta alcanzarla como símbolo de algo que vale la pena en medio de tanta desolación, quizás como símbolo de una vida que debió escoger en otro tiempo, y es justamente ese momento el elegido por Lewis Milleston, para matar esa esperanza.
Aunque esta película no sea conocida para el gran público como “Senderos de gloria”, pensé que merecía este espacio.


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