jueves, 26 de julio de 2012

FARENHAIT 451




Estamos hablando de una gran cinta surgida de un libro de Ray Bradbury, de título homónimo. La dirige el gran François Truffaut.
La película parte de un alegato a la cultura, o mas bien, a una denuncia de lo que podríamos llamar un estado totalitario. Un estado que quiere la uniformidad de pensamiento en torno a un grupo de hombres que dirigen el cotarro.
Me parece muy oportuno hablar de esta película hoy en día, porque no sé si lo habéis notado, pero  en todo el mundo se está armando una buena, con lo de la crisis económica. Los gobiernos van sembrando el miedo en la población. Cuando en Islandia, quebró la banca, toda la gente acudía en masa a adquirir productos  de primera necesidad a los mercados de alimento, sólo con el miedo de que de repente la moneda se devaluase de tal manera que perdieran o se despeñara su poder adquisitivo.
Eso no se publica mucho en España, porque se sabe que hoy una forma de crear pensamiento son los medios de comunicación y no conviene difundir por ahí que En realidad el sistema financiero mundial se está descomponiendo a marchas forzadas.
La única forma de no ir más al fondo es no creando pánico ni miedo en los famosos mercados, vamos, que la gente que tiene el dinero no quiere sustos ni histerias colectivas.



Bien, pues todo esto que sirve de marco a lo que quiero habar de esta película que a mi parecer es actual, y muy fresca, en el sentido de la temática y las intenciones narrativas, aunque en su concepción artística, la verdad es que se quedó tan anticuada que hoy canta más que Eurovisión.
Debemos de tener en cuenta que ciertas cosas de diseño y arte conceptual, aunque no soporten el tiempo que ha pasado, porque la verdad, resultan un tanto horteras y todo se une en un totum revolutum, en su principio tenían una deliberada intención, aunque a simple vista, un monorail aéreo y las cabinas telefónicas no hagan buena conjunción, el anacronismo que produce buscaba romper el tiempo, como que lo que ocurría ahí, no era ni presente, ni pasado, ni futuro. Como si el hombre, y la sociedad tuviese siempre el mismo comportamiento cíclico, como si los humanos del siglo XXIV se portansen igual que nosotros, pero con más tecnología y contextos diferentes.



Truffaut era un gran amente de la literatura, y entre esa y otras cosas se decidió a hacer esta película, que era el debut en color y en habla inglesa. Quizás, será este un pequeño escollo de la película, que pagó el pato de ser una película en "época de mudanza", cuando Truffaut, no se sentía muy seguro. Desde luego no es de las mejores del director francés, aunque si contiene un mensaje muy válido desde el punto de vista sociológico y filosófico.
La verdad es que es tan interesante que podríamos ver en la película situaciones actuales y poder entrever las líneas maestras que nos pueden llevar a esa ambientación totalitaria de la película.
No estamos tan lejos de esa sociedad que vive alienada de sí misma por unas directrices que mandan lo que se debe hacer, lo que debemos cobrar y como debemos vivir, porque al parecer, hasta ahora, lo hacíamos rematadamente mal, y necesitamos a un Gran hermano que nos guie por la senda de la luz.



Precisamente, los recortes empiezan por la cultura y la sanidad, a los gobiernos totalitarios como el de la película no le interesa tener ciudanos cultos, que puedan pensar por si mismos, tienen que ser abejitas, trabajadoras y productoras por el bien de la colmena. Aunque luego pida cualificación para ofrecer un trabajo y ultimamente peor remunerado.
Gobiernos que hacen extender la idea de que estamos al borde del colapso porque no hay dinero en los bancos, que hay que rescatarlos para que ellos, los banqueros vivan bien. Y la unica razón es que son depositarios de nuestros ahorros, y si ellos no pueden pagar sus excesos y fallos, nosotros vamos a perder el dinero de una vida ahorrado con el sudor de nuestras frentes.
Bromas y no tan bromas a parte, parece que no tiene nada que ver y lo tiene todo. Yo lo resumo en aptitudes sociales tanto del individuo, como de la sociedad frente a lo que es injusto. En la película se habla de la pérdida de la cultura, de la literatura. Para mí en definitiva es una pérdida de humanidad. Hoy también creo que estamos perdiendo humanidad. Buscamos modelos buenos para sustentar nuestros números, no buscamos modelos para sustentar personas, familias, empresas.



El modelo actual se está desmoronando, porque está basado en un crecimiento de la economía ilimitado, con lo cual, cada cierto tiempo, para que el modelo se estabilice tiene que pasar por un periodo de crisis. El crecimiento ilimitado, sobre todo y no sostenido, está haciendo que la barrera entre ricos y pobres cada vez sea mayor, y las crísis económicas, cada vez sean más difíciles de sufragar.
El consumismo necesita crédito, con lo cual nos manda a robar el dinero al futuro, y el futuro nos está diciendo: ¡Ojo amigo, te estás financiando con el pan de tus hijos! 
Por otra parte, nos volvemos desconfiados, suspicaces. Los paises se endeudan y piden créditos para pagar tapar sus agujeros, pero los "Mercados" (Es decir, la gente que tiene la pasta) no se fia de que podamos seguir pagando las facturas con lo cual por miedo nos piden más por prestarnos ese dinero.
Con lo cual, los "Mercados", son unos tipos desconfiados que no nos fiarán por menos. El dilema que queda por resolver es este, ¿qué es más importante, bajar esa tasa de riesgo por el préstamo o empezar a elaborar modelos económicos más responsables y educar a la ciudadanía a usar sus ingresos?
Podían no hacer tantos recortes en sanidad y educación y cerrar televisiones pequeñas y privatizar las autonómicas y televisión española.



Podrían hacer un Estado federal y una Europa federal con una reserva económica común.
Podría haber 2.000 sindicalistas liberados a tiempo completo, en vez de los 9.000 que hay hoy en día.
No lo sé muy bien, pero ya véis que con este modelo y estas cifras la situación es insostenible.
Hablemos de la película en sí, que será mejor. El personaje de Montang, es muy rico, porque es uno de los perseguidores de la literatura, que se prohíbe por considerarla puente trasmisor de ideas reaccionearias y subersivas contra el régimen establecido. En cambio, su débil condición le hace desquebrajarse y pasa de ser un perseguidor a un perseguido. Parece en sí, la vida de Pablo de Tarso. Sólo bastó que entrara en contacto con una persona que lo entusiasmara, para que cambiara de vida radicalmente.
Montang estaba ya cansado de vivir en el mundo de los burros, estaba condenados al ostracismo, porque veía que la sociedad era vulgar, igualaba a todos sus miembros por lo bajo. Un pueblo sin ideales, sin sueños, hombres muertos, máquinas sin corazón.



En realidad, yo coincido con Truffaut, en el que el personaje de Montang era blado, más idealista y soñador que ejecutor. Werner, el actor que le dió vida, no lo pensaba así, y quiso potencia su agresividad. Para Truffaut, fue un verdadero problema porque no dominaba el inglés y el actor incluso se negó a rodar escenas. Truffaut, parecía el personaje real, fingiendo que estaba contento con lo que estaba pasando y cuando llegaba a casa tenía que organizar la resistencia.

Por desgracia, hacer el cabestro, cada día que pasa está más de moda, y la cultura es cosa de frikkies. Ojalá que el legado de esta película nunca muera.



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