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viernes, 18 de febrero de 2011

KING KONG 1933



King  Kong es un mito del celuloide, igual hoy no con la misma fuerza que ayer, pero para los cinéfilos de toda la vida, es sin duda una obra especial. Especial por varias razones, entre ellas la nostalgia, ya que hay instantes que se pierden en la memoria. No se pudo hacer nada por recuperar decorados de esta película.
La voz del incombustible rey Kong se acalló bajo las llamas de este gran incendio, que de paso arrasó con los decorados de “Regreso al futuro”, la torre del reloj, ya no podremos volver a verla, “Spiderman” y “Transformers”, entre otros títulos. El incendio se produjo en 2006.
Esta película tiene una magia especial, no en vano fue capaz de resistir el tipo durante mucho tiempo. En los años 70 se hicieron unas películas que pretendían actualizar el mito, modernizarlo, hacerlo en color y mejorar su espectacularidad. Su reparto sería excepcional, Jeff Bridges, Jessica Lange, Charles Grodin, John Randolph, Rene Auberjonois, Julius Harris, Jack O'Halloran, Denis Fimple. Todo parecía reunir las condiciones adecuadas. Pero en el cine solo se vió una burda y vastarda sombra del mito del 33, más que nada, porque no fueron files al espíritu aventurero, pasional y tierno que ya nos había encandilado a todos.
Cierto es que aunque los efectos hoy de esta versión de los años 30 no son para tirar cohetes, casi es para que se nos sonrojen las mejillas de pábulo, pero adelantó las enormes posibilidades que traería la ciencia ficción frente a otro tipo de géneros que abundaban en ese periodo.


La forma más coherente que se halló para recrear al simio gigante, fue la retroproyección o stop – motion, tan famosa ahora, pero que era pionera por aquel entonces. El stop – motion trata de captar fotograma a fotograma el movimiento de un cuerpo inanimado, véase, barro, plastilina o muñeco. La sucesión de fotos, cada foto un fotograma, 24 frames por segundo es la que produce la sensación de movimiento. Debió de ser un trabajo laborioso y de chinos, (maquetas, pelucas, obreros, orfebres, diseñadores, iluminadores, peluqueros) toda una soculenta lista de gente preparada cada 100 0 150 fotos, por si había que tocar o retocar algún detalle que no había quedado fijado o que era susceptible de dar mal en cámara, etcétera. Esto también nos da el calado real que esta cinta tendría que tener dentro de la compañía y el dinero que se gastaron para llevar este proyecto a buen puerto.
Para llevar una empresa de estas ¿Qué mejor persona para llevarla que David O. Sesznick?. Por aquel entonces Selznick era el director de la R.K.O que ganó un pulo impresionante durante esos años. Casi, casi, las mejores películas eran de la RKO. Aunque Selznick solamente pasó unos pocos años allí, al cúpula directiva de la empresa era un horno constante donde el permancer mucho tiempo era sinónimo de quemarse.
El estudio produjo los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers, pero sobre todo se la recordará por el Ciudadano Kane de Orson Wells. Es la propietaria del Radio City Music Hall, en propiedad de  Rockefeller, dotó de glamur a los estrenos.


Los años dorados de la RKO transcurrieron entre 1943 y 1947, pero en 1950 aparecería el millonario Howard Hughes, quien se hizo cargo de la presidencia a través de un colaborador suyo y acabó por desmantelar la compañía a mediados de la década de los 50.
Pese a lo que se está contando y parezca una superproducción en la que estaba embarcado Selznick, era un proyecto modesto con grandes aspiraciones. Selznick estaba empezando, aunque ya tenía buen ojo para ver lo que valía la pena. Los directores no son ninguno de los famosos de la época, vamos, en comparación con lo que luego significó la película. Los directores eran Merian C. Cooper y Ernest  Schoedsack. El presupuesto fue alrededor de unos 600.000 dólares. ¿Porqué fue tan reducido?, pues fácil. Para empezar no hay ninguna estrella, si acaso el muñeco y… por supuesto no cobra, actores secundarios, decorados reutilizados de otras superproducciones, maquetas usadas para otras películas, acababan de rodar una escena casi por día, con lo cual todo llevaba buen ritmo y los inversores no se quejaban. La verdad es que resultó ser un producto bastante completo.
Aunque pasara por la consabida censura del código Hayes, en la que se eliminaban algunas escenas, sobre todo la referida a una caida en un acantilado donde hombres eran devorados por arañas. También se censura un inocente streptease al quitarle la ropa a La protagonista. Nadie se da cuenta de que King Kong va en bolas.



La película muestra alguna pequeña chapucilla en el apartado técnico porque los efectos aún no eran tan sofisticados. Por poner un ejemplo, cuando se disponen a articular el muñeco de King Kong, tienen que moverlo ligeramente en cada toma, pero al presionar en el cuerpo para moverlo aplastaban o levantaban el bello del muñeco, con lo que en la película, de vez en cuando se aprecia un movimiento de pelo oscilante.
Luego también existe un grave error de racord, que en último caso, fue un imperativo de las circunstancias, se vieron obligados a cambiar cosas por falta de planificación. Cuando el gran simio se encontraba en la isla de la calabera, delante de la empalizada, el muñeco medía 5 metros, cuando es paresado y llevado a America para exponerlo como la octava marabilla del mundo, medía 7 metros, y en el Empire States, medía 15 metros. Por problemas de visualización y planificación, además aprovechando cosas de otras producciones, han tenido que modificar las medidas del muñeco.
No en vano, han pasado casi 90 años de su estreno y si entendemos el espítitu y la aventura, rodeando los pequeños fallos que pueda tener, seguramente disfrutaremos un montón de este clásico, de este titán del séptimo arte.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

ROBERT EVANS, EL CHICO PRODIGIO DE HOLLYWOOD.


Como ya quedó pendiente en el post de la semilla del diablo, os dije que un día os hablaría de este personaje, que poca gente conoce si no es fuera del mundillo del cine. Quizás no es el mejor productor de Hollywood, pues todo lo que tenía de talento lo tenía de ingenuo y muchas etapas de su vida se descontrolaron por no tener bien asentados los pies en la tierra. Digamos que aunque no era un productor depredador como los grandes tiburones del Hollywood dorado, como David O´Selznick o Darryl Zanuck, si fue un digno sucesor  en los nuevos tiempos. Zanuck, jefe de producción de la fox, antes trabajaba en Warner, encaranaba  al productor estrella. Zanuckcabó en la FOX después de airearse con la Warner y montar su productora que brilló con luz propia. Su productora se alió con la FOX, se llamaba  Twenty-century. Pero lo gracioso es que el pez chico se come al grande, porque en vez de llamarse la Fox Twenty-century, hoy día aún sigue produciendo bajo el nombre de Twenty-century Fox. A eso es a lo que llamo yo tiburones que no daban su brazo a torcer.
Aunque yo no considere a Robert Evans un tiburón si que tengo que reconocer que tenía un talento infinito para la produción incluso mayor que los mencionados tiburones. Un insitinto para sobrevivir en los estudios y sacar petroleo de la nada. Hay que tener en cuenta y eso es cierto que los modelos de producción en Hollywood desde la época de O´Selznick hasta Evans cambiaron. En el Hollywood dorado había pasta y los poderosos productores se movían como pez en el agua, pero en los cincuenta, todo eso tocaba a su fin, porque el mundo cambiaba y la vieja guardia no estaba preparada para el cambio, los mensajes ya no llegaban a la gente, cierto tipo de público era desconocido, no eran capaces de captar gente joven para las viejas glorias de los estudios. El público joven ya no iba a ver películas que no les trasmitían nada, con mucho maniqueo en su realización, y en los sesenta, con Vietnam y el movimiento pacifista, el mundo cambió.
De todas formas estos jefazos de los estudios no entendían , para ellos la juventud buscaba otras cosas y valoren que no eran acordes a lo que ellos podían ofrecer. No comprendían lo que para ellos era una juventud basada en el libertinaje, muchas veces alocada a los que gustaba beber y bailar con desenfreno, hasta consumidores de drogas. Esto no era perceptible de exhibir ni si quiera en un musical.
Fijaos como cambian las cosas de finales de los cincuenta donde se empieza a acusar este cambio de mentalidades en Hollywood, y diez años después, en 1967 se estrena “Hair”, un musical de un grupo de amigos hippies. Con esto quiero que percibais, que era un terreno para atrevidos, arriesgados y apostadores. Fue el caldo de cultivo donde Robert Evans subió meteoricamente a la cúspide de Hollywood. Pero como toda buena historia que merece ser contada, comencemos por el principio.



Bob Evans nació bajo el nombre de Robert J. Shapera en Nueva York en el año 1930. Desde pequeño siempre tubo la gran esperanza de ser actor, pero después de llamar a muchas puertas, no consiguió nada. La realidad es que como actor el pobre era pésimo. Se convirtió en un empresario del mundo de la moda, en Nueva York donde fue escalando posiciones, pero al ver el físico y carisma de playboy que tenía, es cuando le llega la oportunidad de Hollywood. Pues un día en la piscina del hotel Beberly Hills, se encapricha de él Norma shearer, le da la oportunidad de interpretar a su último marido en la ficción. Le marchaban bien los negocios y no tenía nada que perder, por fin iba a probar suerte. Pintaba bien, iba a debutar en una película acompañando ni más ni menos que a James Cagney. La película titulada “El hombre de las mil caras” versaba sobre la vida de Lon chaney, famoso actor de cine que interpretaba a inmensidad de personajes, a principios de siglo (XX). Fue un éxito y Evans no lo hizo mal, hasta diría que al lado de Cagney, se le pega el oficio.
Después de esta película entró a formar parte de un proyecto de Darryl Zanuck, para hacer el papel de torero, de Pedro Romero en “Fiesta” compartiendo cartel ya con gente de la talla de Mel Ferrer, Ava Garner y Tyrone Power. En esta película conoce al famoso productor de la Fox, Zanuck, causa una gran huella en él. Zanuck lo apoya frente a todos los jefazos del estudio que querían ver fuera de la película a Evans por creerlo mal actor. Zanuck protegía a Evans, porque veía en él un gran talento, quizás intuía que era un gran talento interpretativo, pero la verdad es que Evans sólo tiene talento para la supervivencia empresarial.
A Robert Evans le ofrecen la oportunidad esta vez de ser protagonista en una nueva película, toda la responsabilidad caería sobre él, aquí es justo donde se demostró que de verdad no valía para actuar. Él fue el primero que se convenció, pero la huella de Zanuck aún era poderosa y él era un buen negociador, de hecho tenía los negocios de Nueva York viento en popa, y con las tres pelis que hiciera se ganara un buen pellizco que estaba dispuesto a invertir. Al mismo tiempo, Charlie Bluhdorn, el jefe de la Golf + western se fijó en él y se interesó por sus proyectos, al mimo tiempo la Paramount, casi en ruinas cambia de manos. Bluhdorn, era un empresario pero no tenía mano para el cine y lo dejó todo en manos del talento de Evans al que al poco tiempo lo nombró jefe de producción de la Paramount Pictures, ese dinosauro del celuloide que ahora ocupaba el noveno puesto de las productoras de Hollywood, pese a tener exitos muy sonados en la década anterior, como “Los diez mandamientos” se estaba undiendo, porque también se gastó una enorme fortuna. Era necesario arriesgar audazmente en nuevas historias que rompiesen e impactasen.



En este sentido, Evans se hizo con los derechos que uno de los directores le trajo ,un esbozo de guión de la novela de Ira Levin, un tal William Castle. Evans, que era un enamorado del trabajo del joven realizador Polaco, Roman Polanski, no se lo pensó dos veces antes de contratarlo. Los jefazos se cuestionaron porqué, pero él no dió el brazo a torcer, había visto unas películas europeas de Roman, como “Repulsión” “El cuchillo en el agua” y “Callejón sin salida”. Estaba convencido de que únicamente Polanski podría plasmar el inquietante guión en una película que aportase una visión refrescante sin que quedase todo en una película de serie b. Pues el presupuesto era corto, Paramount estaba en las últimas y para más apuros, cuando Polanski llevaba rodando unos diez días, ya acumulaba siete de retraso y todos los jefes estaban nerviosos. Evans defendió a capa y espada al realizado polaco hasta el estreno. Judgad los resultados, ¿tenía o no tenía ojo el cabroncete de Bob Evans?. “Rosemary´s babe”, la película que produjo, fue un exito rotundo, con lo que se ganó el aprecio de Charlie Bluhdorn.
Su siguiente trabajo como jefe de producción de la Paramount, fue “Love Story”, película romántica que rompió moldes en taquilla. La gente iba a verla al cine dos y tres veces, y que en ocasiones, muchas personas salían enamoradas. La película hizo una caja como nunca se había visto y había salvado a la Paramount de la desaparición.
Estas dos primeras películas fueron como dos puñetazos en la mesa, tenía a los jefazos comiendo de la mano, se había convertido en el niño mimado del estudio. La vida no le había podido sonreír más, en Love story, conoció a Ali Macgraw, quien sería su mujer y de la que tendría un hijo. Pero bueno, a pesar de que la vida le iba bien, a Bob nunca le regalaron nada, siempre tubo instinto de supervivencia. Tanto le sirvió el instinto, que dice la historia, cuenta la leyenda, un día llega al rodaje un mensajero que le entrega en mano a Evans un sobre, y le echó una sonrisa de oreja a oreja, no sé que contenía el dichoso sobre, pero cuando lo abrió, llamó al mensajero y le dijo que él sería el protagonista, había encontrado al hombre de la sonrisa del millón de dólares. Robert le prometió un sueldo de 11.000 dólares. El mensajero se acercó y le dijo al oido: - Oiga, podrían ser 11.500, estoy divorciado y tengo a una niña que mantener. Robert respondió: Entonces, que sean 12.500. El mensajero sorprendido siempre agradeció este gesto a Evans, le prometió que jamás se olvidaria de aquello. ¿Sabeis quién era el mensajero que obtuvo el papel con aquella insolencia mientas grandes actores estaban haciendo pruebas?, pues fue Jack Nicholson, hoy multimillonario. Es que los comienzos son siempre difíciles, y algunos seres atípicos y extraordinarios crecieron así. Jack de aquella solo tenía algunas lecciones del actor´s Studio. Esta amistad, va a ser muy importante en la vida de Evans, os lo contaré un poco más tarde, ahora nos ocupa la cúspide de su carrera, cualquier estudio vendería el alma al diablo por poder contratar al productor estrella de Paramount pictures.



Otra vez en su próximo proyecto iba a tener que luchar no sólo con los jefes de estudio, si no con un joven realizador ítaloamericano que había elegido para dirigir el Padrino. Lo necesitaba para que de alguna manera organizase la idiosincrasia de la mafia siciliana. Un crimen que no estaba organizado ni estructurado. El director impuso a Brando y a Pacino, pero a Evan le presionaban desde todos los lados, pues el estudio no confiaba en Brando, su estrella se había apagado hacía ya tiempo, era un actor acabado. Con muy mala conducta y reacciones de divo. Por otra parte tampoco confiaban aún en el joven talento de Pacino y no lo querían ver en el papel de Michael Corleone. Al final, Evans no dejó de dar por saco a Coppola todas las semanas y Coppola contraatacaba grabando más rápido ingentes cantidades de escenas, para que los jefazos con la gran cantidad de material grabado, no pudiesen cambiar nada. De todas formas había mucho metraje y Evans siguió fastidiando a Francis Ford Coppola, en la proyección de Nueva York, que iba a determinar el montaje final, Evans apareción en pijama y pantuflas con una especie de cama de hospital alegando que estaba muy mal de la espalda. Y de vez en cuando en la proyección hacía descender la cama con el motor para mostrar que no le interesaba y se echaba una siestita. Coppola, podeis creerme, acabó hasta el gorro de él. Al acabar la proyección le dijo que era una mierda de película, que la tenía que acortar, que la gente se iba a dormir. El montaje era de tres horas y cuarto, pero con los insititos desplantes de Evans se quedó en dos horas cuarenta minutos, que fue como se estrenó. Posteriormente, cuando salío el dvd, le dieron la oportunidad a a Coppola de hacer su propio montaje, y cuando se dispuso a ello entiendió que Evans tenía razón. Dejó las escenas eliminadas como extras en el dvd pero no tocó apenas el metraje. Pero la verdad es que Evans era muy persistente en lo que quería, y no le importaba montar el follón más grande para conseguirlo. Bueno, no merece la pena hablar del éxito del padrino.



La Paramount, en esta época parecía el rey midas, convertía en oro todo lo que tocaba, era la número uno de las productoras, os fijasteis que ascenso tan meteórico. Evans toca el cielo. Pero, aquí empieza la caida a los infiernos. A partir del éxito del Padríno, acaba contrato con Paramount y le animan a producir en solitario, pero compaginando su trabajo de productor jefe de Paramount. En estes momentos es cuando se entera de la infidelidad de Ali Macgraw, se había ido con Steve McQueen. Se habían enamorado en el rodaje de “La huida”, mientras Evans estaba enfrascado en el Padrino. Vuelve a casa, pero se encuentra a su hijo y a la niñera, ya no ve a su mujer. Entonces decide centrarse en su trabajo y consigue el guión de “Chinatown”, que arregla junto a Robert Towne. Como siempre los ejecutivos de la Paramount estaban en contra, pensaban que el guión era un rollo muy difícil de entender para el espectador. Precisamente ganaría el Oscar al mejor guión. Para la película se rodearía de sus amigos, no sé si por que se sentía solo en esos momentos. Pero volvió a funcionar, incluso lograron fichar a John Huston. Hiciera lo que hiciera, le pusieran las trabas e impedimentos que quisieran que Robert Evans iba a salir triunfal de todos los atolladeros. El problema es cuando se encontró el atolladero de la droga. Cuando acabó su matrimonio, Evans se dio a una vida más desenfadada, salía con varias chicas y vivía con más desenfreno. Un buen día ocurrió que una de estas lindas mujercitas, le dio a probar su primera esnifada. No parecía que eso fuese a viciarle, pero por probar encontró a un vendedor que le ofrecía cocaína farmacéutica a precio de saldo. Era un trampa de la D.E.A, que utilizaba cocaína marcada y llegó hasta él por el mayordomo que era el encargado de la transacción. En realidad, tampoco fue tan grave, jugó con fuego y acabó quemandose. Como no tenía antecedentes y el juez sabiendo quien era, lo condenó a producir spots publicitarios antidrogas. Muchos de sus amigos salieron en las campañas publicitarias, incluso Paul Newman que se mostraba interesado, no en vano, su hijo había muerto por una sobredosis.





Pero toda su carrera y su vida había cambiado, casi la mayoría de los que creía amigos le dieron la espalda y cayó en desgracia, a pesar de que no era ningún adicto, tomó un par de dosis y luego ya no pudo continuar. Charlie Bluhdorn, que siempre lo apoyó en Paramount, hasta en los momentos más difíciles, le niega la palabra. La propia Paramount hace un comunicado oficial desvinculandose del productor alegando que fue trabajador de la Paramount Pictures, pero que desde hace algún tiempo ejercía como productor independiente que de vez en cuando producía para Paramount, digamos que actuaba de subcontrata sin ligación a la empresa.
El mundo entero se le venía encima. Las desgracias se sucedían y poco depues de “Cotton club” le involucraron en un caso de asesinato. En realidad, era un personaje tangencial, pues un hombre a cambio de presentarle a Evans para que hiciesen negocios formando una nueva productora, pidió a un tercero una compensacón en droga o dinero, al no satisfacerla, lo asesinó. Evans, ni siquiera sabía de que iba el asunto, pero la prensa ya estaba hechando carnaza y recogiendo carroña. El caso salió a Juicio a los seis años, para entonces a Evans ya no le quedaba ningún pretigio que defender. Estaba undido.
Vende su propiedad, su mansión que tanto adoraba a un multimillonario francés.Poco tiempo después ingresó en un psiquiatrico voluntariamente, por temor al suicidio. Hasta que no aguantó más y salió con una escapada made in Hollywood. Coche a la salida con motor encendido. Poco tiempo después Quiso recomprar su mansión pero el francés no accedió. Pero un gran amigo, estaba ahí para levantarle la moral. Jack Nicholson, le invitó a la ceremonia de los oscars, estaba nominado al mejor actor, que no es nada raro, porque es el actor que más nominaciones y oscars tiene, 12 nominaciones y 3 oscars. Estuvo toda la noche, con la mano en el hombro de Evans, Recomendándolo a la gente pese a que la gente lo conocía de sobra y no quería verlo, pero como Jack era más cabroncete que ellos, se lo metía por los ojos a pesar de que no lo querían ver ni en pintura. Evans se lo agradeció. Pero hay más. Dice la historia, cuanta la leyenda, que un gran actor de Hollywood viajó a Monaco a suplicar a cierto millonario francés que sólo le concedió 15 minutos, mientras se afeitaba, que por favor le puediese revender la mansión a su dueño. Se llegó a poner de rodillas. El millonario pensando que si una gran estrella de Hollywood se hacía tantos kilómetros para suplicar que le revendiesen la mansión al amigo, se merecía una repuesta positiva. Así es como el gran Jack Nicholson recuperó aquella mansión tan valiosa para su amigo. Y es que al contrario de lo que parece, Nicholson es una buena persona, de las mejores. A todo esto, el millonario francés obtuvo un filón con la anécdota de que un buen día se le presentó en el cuarto de baño una superestrella de Hollywood que suplicaba a sus pies.
Después de esto Evans, se fue recuperando, aunque ya no tenía grandes éxitos como antes, en esta última época, lo más sonado fue la película de Val Kilmer, “El santo” remake de la serie de Roger Moore. Aún vivo con 80 años sigue siendo un fenómeno.

sábado, 9 de enero de 2010

DUELO AL SOL


Bueno amigos, voy a hablar de otra película de excesos y no precisamente del presupuesto. No es que me apetezca especialmente en esta época hablar de filmes e historias rocambolescas, pero hace ya algún tiempo que no pongo ningún western.
Cuando se habla de “Duelo al sol”, normalmente se suele atribuir su factura a King Vidor, pero poca gente sabe que esto es una trola de proporciones considerables, puesto que King Vidor, fue sólo uno más de la alta terna de directores que pasaron por el proyecto. Detrás de todo esto estaba la alargada sombra de David O. Selznick, de la que ya adelanté en anteriores entradas. Este magnate de la industria hollywoodiense, era una persona de fuertes convicciones, y esto le llevaba a actuar de forma tiránica en las producciones, aunque no siempre supusiese la opción más acertada. Hay un caso bastante gráfico, lo ampliaré cuando hable de “Lo que el viento se llevó”, pero puedo adelantar que O. Selznick, en su afán por la perfección empleó tres años solamente para encontrar la pareja de protagonistas ideales. Tres años para conseguir a una terna que por lo demás eran estrellas de la época, esceptuando a la joven Vivian Leigh. Bien, el caso es que las exigencias del productor incentivaron que William Dieterle abandonase el barco nada más subirse a él. Además de él pasaron más personas, casi siempre del círculo cerrado de O. Selznick, directores artísticos de proyectos anteriores, marionetas que el productor podía manejar a su antojo. Luego llegó King Vidor, un director de peso, que podría dar un giro al proyecto, o al menos una dirección fija. Pero las contínuas intromisiones del devandito productor y la insufrible actríz protagonista (Jennifer jones, novia del productor. Hay películas que se hacen por amor al arte y otras por amor a su novia. O. Selznick quería el lucimiento de Jennifer Jones) hicieron que el proyecto llevase otros derroteros con otros sendos directores. Menos mal que Jennifer demostró su talento en la cinta y posteriormente.


Es verdad que la fima de la película la lleva King Vidor, pero yo la califico como película de productor. Como Vidor no se conformó con ser una simple marioneta, O. Selznick se conformó con que la película llevara varias facturas. Eso se nota en ciertas partes del fime, donde los actores no acaban de convencer. Lógico, yo tambíen tendría la mente en otro sitio y no sabría muy bien que hacer cuando cada día que empieza el rodaje me encuntro con un director distinto que quiere una cosa distinta, y además, el director que graba la escena no es el director con quien la habías preparado.
Sin embargo y gracias a Dios, era un gran reparto lleno de estrellas, unas consagradas como Lionel Barrymore, que el pobre ya se había quedado en silla de ruedas también en la realidad, Lilian Gish, diva del cine mudo y fetiche de David wark Griffith, anterior magnate y precursor de la técnica en el cine mudo. Joseph Cotten, que ya se había hecho un nombre trabajando con Orson Welles en Ciudadano Kane y el cuarto mandamiento. También había estrellas emergentes de la talla de Gregory Peck, y la nombrada Jennifer Jones, pero en este último caso, su brillo ha sido efímero.


Las faltas de esta película pivotan alrrededor de los cambios bruscos de ánimo de los protagonistas, y de situaciones que en determinado contexto no tienen una réplica emocional adecuada, fruto del devenir del proyecto. Pero hay más, esta forma barroca de comportamiento, este tormento que sufren los protagonistas ya estaba implícito en el guión original, y se usó por usar una fotografía recargada, con colores muy dominantes que hagan aflorar los sentimientos más recargados. El problema viene cuando a los sucesivos directores no tienen la oportunidad de cambiar el negativo con el que se rueda la película, con lo que siguieron más o menos la misma línea hecha pro “O.Selznick”.
Para dar una idea más apropiada de David O. Selznick, basta con decir que este era un proyecto anterior que tení la RKO, sólo les faltaba una actríz de rasgos hispanos para acometer el papel de Perla, así que la RKO, le pidió al productor a Jennifer Jones. O Selznick leyó el guión y se hizo con los derechos de la película para manejarla a su antojo. El hecho de que un productor solamente le disputara un proyecto con una productora entera, o se lo comprara, me da igual, solo por complacer a su novia, os da una idea de la influencia que ejercía este hombre en la industria.


domingo, 27 de diciembre de 2009

LADRÓN DE BICICLETAS



Ladrón de bicicletas es quizás el film más caracteristico del neorrealismo italiano. No es por opinión, si nos atenemos a los trazos básicos del movimiento, es la personificación del mismo. El neorrealismo como escuela cinematográfica propiamente dicha, nace en el periodo post segunda guerra mundial. No fue una innovación técnica o temática, fue una renovación expresiva del lenguaje y las formas, era una expresión de liberación en muchas ocasiones contra la vileza del fascismo. Fue recorriendo camino con la realidad social de la época. Vittorio de Sica pudo quitar petróleo de un argumento bastante ordinario y hasta infantil, si bien se piensa, como una historia contada a los párvulos para que aprendiesen a ir por el camino honrado, como la iglesia católica aleccionaba en la edad media, mediante imágenes representativas, pero sin más complicaciones. El argumento la verdad, no tenía ningún alarde de literatura, más bien parece que se malogra el contenido o la carga dramática y todo esto es lo que Vittorio de Sica aporta a la película. Es curioso enterarse que sin saber el resultado final, un productor de la talla de David O. Selznick, (que produjo y coprodujo “Lo que el viento se llevó”, “Rebeca”, “Duelo al sol”, “King kong”, “El tercer hombre”, entre muchas otras) Uno de los hombres más poderos del Hollywood dorado, hubiese querido invertir en esta pequeña producción italiana, de corte neorrealista. Como es lógico, puso condiciones, Gary Grant debía de ser el protagonista de la cinta, a lo que se negó rotundamente Vittorio de Sica.

Vittorio de Sica pertenece a una generación de directores que socialmente eran comprometidos con la realidad de la posguerra italiana, de hecho “Ladrón de bicicletas” empezó a rodarse poca después de que concluyera  la guerra. El neorrealismo se desarrolló en el periodo de posguerra, pero se forjó en los últimos años del conflicto y con “Ladrón de bicicletas” se consuma la consolidación y los fundamentos del movimiento. Esos fundamentos se basan en una narración desnuda de la realidad, desprovista de cualquier artificio para aquilatar el sentido dramático. La vida es la que tiene que hablar por sí sola. Los elementos técnicos deben de obedecer a una carestía que se atenga a la realidad, de ahí que la iluminación sea natural y se ruede numerosas escenas en exteriores. Los actores también se consideraban como medios técnicos para la consecución del fin, con lo que deberían de ser actores no profesionales o en su defecto, amateurs. Preferiblemente deberían de ser personas afines con el personaje que debían representar. Así es que en “Ladrón de bicicletas” el personaje de Antonio Ricci, un trabajador en paro que consigue un sencillo trabajo de fijador de carteles con engrudo es interpretado por Lamberto Maggiorani (Obrero de la fábrica Brenta). Al fin y al cabo, quien mejor que una persona de ese corte puede reflejar la desesperación de esa época y esa situación. Bien entendido es el método de Kostantin Stanislavski llevado al extremo.