Mirad, esta película para mí tiene una aura especial, quizás sea una de las películas más románticas y verdaderas que he visto. Yo no digo que sea una obra maestra del cine, que no lo es, pero a partir de ahí nace una sinfonía que nos atrae, incluso al final yo me preguntaba si podría estar enamorado. Yo, osea yo, que soy para quien me conozca una de las personas más desapegadas de sentimientos afectivos. Bueno, aun así pensé en lo romántico que podría haber sido vivir una historia como esta. ¿Puede parecer forzada?, sí , pero no hasta el punto de parecer inverosímil o hasta el punto que digas – no, eso no puede pasarme a mí.
Vereis, voy a tratar de explicar la situación. Chico joven viaja por Europa, tratando de olvidar. Mientras se deja seducir por las ciudades, el ambiente y la cultura europea, pero ya tiene que regresar a Estados Unidos, es su último día de estancia en Europa. Justo en ese momento, en el tren Butapest - Paris, se encuentra con una chica joven, estudiante francesa que comienza a conversar con el por un acontecimiento fortuito. Después de hablar de lo mundano y lo divino, el tren llega a Viena y el mozalbete se tiene que apear. Este en honor al buen rato que han compartido le hace una loco proposición. Le dice si puede bajarse con él, compartir estas últimas 24 horas y retomar su viaje a París al día siguiente. Hasta ahí puedo leer. El resto tendrás que averiguarlo tú. Tampoco tiene más trama,… y ese es el misterio, lo exotérico y alucinante de esta película. El tema es bien simple, el amor entre dos jóvenes que se conocen una noche y viven esa noche como si fuera el último suspiro de sus vidas. La trama se acabó y no hay nada más. Pero imaginaréis que para que se hiciera con el oso de oro en el festival de cine de Berlín al mejor director, inevitablemente tendrá que tener algo más.
Claro que tiene más, pero es ya algo que entra en el terreno especulativo de cada uno. Pensareis que estoy dando largas pero es que… es como lo siento. La película contiene para el que no esté acostumbrado a una relación de jóvenes madura, un cierto tufillo a gafapasta (entiéndase jóvenes maduros por aquellos que no son modelo del Hollywood superficial, American pie, La chica de al lado y otro puñado de comedias juveniles para adolescentes que consumen e imitan dicho modelo) o el cliché de que si la relación es entre dos intelectuales tiene que ser más culturilla que romántica. Es verdad, puede pasar eso, pero cuando uno se deja de tópicos y busca la desnudez del otro es cuando afloran las conversaciones profundas y las verdaderas relaciones. También es verdad que es muy difícil que nosotros nos bajásemos de ese tren en Viena con un desconocido, por muy bien que nos caiga. Pero… a que da ganas, cuanto me apostáis a que si somos unos estudiantes becados que viajamos por Europa viviendo la vida “Bohemè” y disponemos de tiempo, no estaríamos dispuestos a arriesgarnos a vivir una aventura. No me digáis que no, que poca gente se cree que se estudie en el extranjero con una beca Erasmus.
¿Qué harías tú si la dicha o la fortuna te pusiera el amor de tu vida y sólo tuvieses un día para disfrutar de él? Pues no sé lo que haría la verdad. Lo que si estoy seguro es que no tendría la sangre fía y lloraría como un niño. Estoy por afirmar que eso es precisamente lo que le ocurrió a Richard Linklater, el director de la cinta. Esta es una película que se basa en experiencias personales y eso ayuda a comprender la complejidad y la grandeza de sus diálogos, tan orgánicos y naturales que de hecho para una pareja de jóvenes de un nivel de formación adecuado puede ser terroríficamente creíble. Este director cuenta como en una noche había conocido el que para él era el amor de su vida, caminó toda la noche con ella por las calles… y cuenta que el saber que no se iban a volver a ver, les daba confianza para hablar y hacer confidencias personales, como a modo de terapeuta uno del otro. Bueno en la película los dos se enamoran, en la vida del director, no sé si las cosas sucedieron así o es que lo cuanta así a toro pasado. En cualquier caso, me gusta la idea de que no haya salido de ninguna novela o comic o alguna producción de los estudios anterior. Además está basada en hechos que ocurrieron con gente normal en un sitio normal y sin estrellitas ni corazoncitos.
El trabajo actoral de Ethan Hawke (Jesse) y de Julie Delpy (Céline) es extraordinario, rayando la excelencia. Parece que no, que todo es simple, todo fluye y todo es natural. Precisamente estas son unas premisas que deberían imponer como criterio principal en las escuelas y esta película como ejemplo. Su interpretación es tan orgánica que parece que están improvisando cuando en realidad todo estaba medido por guión, y os aseguro que los planos secuencia eran muy largos, con lo que no resulta fácil mantener el tipo, sobre todo en cine. Es tal el feeling interpretativo que logran mimetizarse con el personaje, incluso se nota como piensan y se conocen a sí mismos a través del otro. Es impresionante. En estas cosas es donde se empieza a disfrutar esta película. ¡Ojo!, la escena de la llamada es de lo mejor que he visto en guiones.
El guión es impresionante, con una artesanía que hila fino, pues es muy fácil a estos niveles caer en la cursilería, en el discurso ñoño, con frases hechas y pomposas, todo aderezado de una mojigatería romanticona de tres pares, pero no, es todo lo contrario. Precisamente la búsqueda de los personajes es muy equilibrada pues la personalidad de uno es el contrapunto del otro. El, joven americano un poco escéptico y cínico, en cambio ella es una soñadora empedernida.
Las estrellas, o el destino tienen su cierta significación en esta cinta, como dice muy bien la pitonisa que consultan en Viena los personajes, les enseña que todos somos polvo de estrellas, posibilitando que todo entre ellos pueda ocurrir. Los personajes secundarios, actúan poco pero su presencia es crucial. Es algo que me ha hecho reflexionar con esta película, y es que tiene una extraña virtud, cuando la ves el criterio es subjetivo, incluso no niego que dependiendo de los ojos que la miren puede hasta llegar a aburrir, ahora bien, incluso a esta persona que pueda aburrir en medio de proyección, al término de la película tiene una rara sensación de cambio, de haber asistido a algo especial que lo marcará a la hora de afrontar ciertas situaciones. Como digo, es una película imprescindible, no tanto por su valor cinéfilo como sentimental. Pero os digo que es buena película y deja el pabellón del cine romántico bien alto, que en estos últimos tiempos está flojeando de manera espantosa.
Yo no os voy a mentir cuando pienso que esta película puede ser un hito romántico, pensaréis que exagero, pero si os digo la verdad, creo que no, que en el fondo es una oda al romanticismo más visceral, una obra que nos puede marcar mientras nosotros estamos a nuestras prosaicas rutinas, sin más anhelo que imaginar esos mundos. La verdad es que no vi el amor entre dos personas, si no la esencia misma del amor pulular por esas dos miradas. He visto como esas miradas juntas esperaban un nuevo amanecer sin más esperanza que otra hora de sombra pues los rayos del sol anunciaban la muerte, el adiós.





