viernes, 18 de febrero de 2011

KING KONG 1933



King  Kong es un mito del celuloide, igual hoy no con la misma fuerza que ayer, pero para los cinéfilos de toda la vida, es sin duda una obra especial. Especial por varias razones, entre ellas la nostalgia, ya que hay instantes que se pierden en la memoria. No se pudo hacer nada por recuperar decorados de esta película.
La voz del incombustible rey Kong se acalló bajo las llamas de este gran incendio, que de paso arrasó con los decorados de “Regreso al futuro”, la torre del reloj, ya no podremos volver a verla, “Spiderman” y “Transformers”, entre otros títulos. El incendio se produjo en 2006.
Esta película tiene una magia especial, no en vano fue capaz de resistir el tipo durante mucho tiempo. En los años 70 se hicieron unas películas que pretendían actualizar el mito, modernizarlo, hacerlo en color y mejorar su espectacularidad. Su reparto sería excepcional, Jeff Bridges, Jessica Lange, Charles Grodin, John Randolph, Rene Auberjonois, Julius Harris, Jack O'Halloran, Denis Fimple. Todo parecía reunir las condiciones adecuadas. Pero en el cine solo se vió una burda y vastarda sombra del mito del 33, más que nada, porque no fueron files al espíritu aventurero, pasional y tierno que ya nos había encandilado a todos.
Cierto es que aunque los efectos hoy de esta versión de los años 30 no son para tirar cohetes, casi es para que se nos sonrojen las mejillas de pábulo, pero adelantó las enormes posibilidades que traería la ciencia ficción frente a otro tipo de géneros que abundaban en ese periodo.


La forma más coherente que se halló para recrear al simio gigante, fue la retroproyección o stop – motion, tan famosa ahora, pero que era pionera por aquel entonces. El stop – motion trata de captar fotograma a fotograma el movimiento de un cuerpo inanimado, véase, barro, plastilina o muñeco. La sucesión de fotos, cada foto un fotograma, 24 frames por segundo es la que produce la sensación de movimiento. Debió de ser un trabajo laborioso y de chinos, (maquetas, pelucas, obreros, orfebres, diseñadores, iluminadores, peluqueros) toda una soculenta lista de gente preparada cada 100 0 150 fotos, por si había que tocar o retocar algún detalle que no había quedado fijado o que era susceptible de dar mal en cámara, etcétera. Esto también nos da el calado real que esta cinta tendría que tener dentro de la compañía y el dinero que se gastaron para llevar este proyecto a buen puerto.
Para llevar una empresa de estas ¿Qué mejor persona para llevarla que David O. Sesznick?. Por aquel entonces Selznick era el director de la R.K.O que ganó un pulo impresionante durante esos años. Casi, casi, las mejores películas eran de la RKO. Aunque Selznick solamente pasó unos pocos años allí, al cúpula directiva de la empresa era un horno constante donde el permancer mucho tiempo era sinónimo de quemarse.
El estudio produjo los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers, pero sobre todo se la recordará por el Ciudadano Kane de Orson Wells. Es la propietaria del Radio City Music Hall, en propiedad de  Rockefeller, dotó de glamur a los estrenos.


Los años dorados de la RKO transcurrieron entre 1943 y 1947, pero en 1950 aparecería el millonario Howard Hughes, quien se hizo cargo de la presidencia a través de un colaborador suyo y acabó por desmantelar la compañía a mediados de la década de los 50.
Pese a lo que se está contando y parezca una superproducción en la que estaba embarcado Selznick, era un proyecto modesto con grandes aspiraciones. Selznick estaba empezando, aunque ya tenía buen ojo para ver lo que valía la pena. Los directores no son ninguno de los famosos de la época, vamos, en comparación con lo que luego significó la película. Los directores eran Merian C. Cooper y Ernest  Schoedsack. El presupuesto fue alrededor de unos 600.000 dólares. ¿Porqué fue tan reducido?, pues fácil. Para empezar no hay ninguna estrella, si acaso el muñeco y… por supuesto no cobra, actores secundarios, decorados reutilizados de otras superproducciones, maquetas usadas para otras películas, acababan de rodar una escena casi por día, con lo cual todo llevaba buen ritmo y los inversores no se quejaban. La verdad es que resultó ser un producto bastante completo.
Aunque pasara por la consabida censura del código Hayes, en la que se eliminaban algunas escenas, sobre todo la referida a una caida en un acantilado donde hombres eran devorados por arañas. También se censura un inocente streptease al quitarle la ropa a La protagonista. Nadie se da cuenta de que King Kong va en bolas.



La película muestra alguna pequeña chapucilla en el apartado técnico porque los efectos aún no eran tan sofisticados. Por poner un ejemplo, cuando se disponen a articular el muñeco de King Kong, tienen que moverlo ligeramente en cada toma, pero al presionar en el cuerpo para moverlo aplastaban o levantaban el bello del muñeco, con lo que en la película, de vez en cuando se aprecia un movimiento de pelo oscilante.
Luego también existe un grave error de racord, que en último caso, fue un imperativo de las circunstancias, se vieron obligados a cambiar cosas por falta de planificación. Cuando el gran simio se encontraba en la isla de la calabera, delante de la empalizada, el muñeco medía 5 metros, cuando es paresado y llevado a America para exponerlo como la octava marabilla del mundo, medía 7 metros, y en el Empire States, medía 15 metros. Por problemas de visualización y planificación, además aprovechando cosas de otras producciones, han tenido que modificar las medidas del muñeco.
No en vano, han pasado casi 90 años de su estreno y si entendemos el espítitu y la aventura, rodeando los pequeños fallos que pueda tener, seguramente disfrutaremos un montón de este clásico, de este titán del séptimo arte.



miércoles, 9 de febrero de 2011

WHISKY



"Inesperada maravilla (...) una película de visión sencillamente imprescindible para cualquier persona sensata." (M. Torreiro: Diario El País)

"Rebella y Stoll consiguen el milagro del humor dentro de una obra áspera, que se parece mucho más a una autopsia que a una comedia convencional (...) No cabe pues emborracharse con este 'Whisky', sino degustarlo a pequeños sorbos como una rareza única" (Federico Marín Bellón: Diario ABC)

Es verdad que no es una película agradable ni lo más mínimo, es lo más sórdido que te puedas hechar a la cara. Ahí radica su belleza. Os podrá parecer raro oir esto sin haberla visto, pero quien ha visto esta joyita del 2oo4 me entenderá después de haber leído estas líneas. No está en los grandes circuitos ni tiene mucha fama, pero es una obra casi imprescindible de obligado visionado, sobre todo en nuestros días, en los que apenas hablamos con el vecino, o con el compañero de trabajo, o si lo hacemos es por mera formalidad, por que la cruda realidad nos dice que en realidad nos importa un comino lo que piense, diga o haga el de al lado.



Es una comedia muy negra y demasiado dramática, en la cual el whisky, título referencial, al que alude la cara y expresiones de los protagonistas de la película. Viven su vida anestesiados como si un gran sentimiento de indiferencia guiase sus vidas o los inmunizara contra los sentimientos. La única mueca risueña es aquella que esbozan por cumplimiento de las formas, pero nunca por imperativo existencial, como si fuesen abejas trabajadoras a las que se les prohibió en su código genético la sonrrisa y la felicidad.
La película te coge y te sacude desde dentro, desde la sencillez de sus personajes, de sus pétreas caras con pose de póker. Sus silencios son la mayoría de las veces insoportables, sólo se conllevan con la inexorable e impetuosa fuerza del vicio de respirar por respirar. Sus vidas te cojen y te hunden con ellas en un hueco oscuro. No obstante sus vidas atisban un tremendo torrente de humanidad, se ayudan sin apenas preguntarse porqué, como si toda ayuda o cable que viniese de fuera le diera nuevos hálitos.
Además permanece en ella una fina ironía no tan fácil de encontrar. Estoy convencido que el 60% de la gente que lea esto y luego vea la película, no le gustará si no disfruta de estos pequeños detalles de comicidad. Por poner un ejemplo, existe una metáfora poética entre la fábrica de hacer medias y calcetines donde realizan su vida dos de los protagonistas, llena de automatismos como su relación, llena de monotonía, de gestos aprendidos sin ninguna significación más allá de la simple cortesía, y una cortesía fría.



Esta deliberada repetición, que a simple vista puede resultar pesada hasta el hastío, se vuelve en parte crucial de la trama y la historia que se quiere contar, ya bien porque establece un precedente en la relación de las dos personas y lo forzado que resulta posteriormente el juego con la tercera persona en discordia. Los tres juntos resultan tan patéticos, que en el fondo es un trio entrañable e inseparable.
Tiene escenas como la vida misma, un gerente de una empresa en mala conservación, se entera de que llega su hermano para verle, y como no quiere parecer el fracasado de la familia le propone a la empleada que sea su mujer imaginaria. El problema es cuando ninguno de los tres por mucho que se empeña es como dice o presume que es. Ciertamente, esta película clama por aquellos que no tienen la fuerza o el valor suficiente para vivir la vida que ansían, que no se atreven a levantar la voz y que incluso su silencio habla por ellos.
Para mí es un peliculón hecho de pequeños gestos, pequeños sueños, minimalismo en definitiva. En esto encuadra toda su belleza y poder, porque no hay más verosimilitud que la desnuda realidad y la impotencia humana que desborda la pantalla, no hay artificio como tal del séptimo arte, no hablamos de grandes pasiones y bajos instintos, tan sólo apela a una vida que se vive porque toca.



Una película que te propina una patada en la barriga tal, que si luego no quieres hacer algo con tu vida es porque tines orchata, no sangre. El mensaje que me ha quedado impregnado en el subconsciente de este film es que por muy mal que vayan las cosas y a tí mismo te digas - ¡Yo así, no sería capaz de vivir!, la película te muestra, y esto es lo peor, es que sí, repito sí, podríamos vivir. Esto es lo más grandioso y lo más terrible en lo que nos hace pensar esta cinta. Es decir, que sí podríamos vivir en el más absoluto vacío existencial, vivir sin razón, por el mero hecho de la costumbre. Así mismo negamos, hacemos trucos, juegos de salón para autoconvencernos de lo contrario, ahí está el patetismo y lo vacio de la existencia, al menos en lo que se refiere a mi lectura de la película.
Es una apuesta frontalmente encontrada con lo que sería el cine actual, una apuesta personal hasta el final, sin importar las repercusiones. Recomiendo esta co-producción uruguaya, alemana, argentina y española que de verdad merece la pena ver.


jueves, 3 de febrero de 2011

WEST SIDE STORY


Quizás han pasado unos pocos años desde el día en que me puse a escribir en el blog, pero hasta no hace mucho tiempo, me he percatado que entre las casi 100 entradas que he realizado, por imposible que parezca, no había ninguna película de género musical. Pues me dispongo a arreglarlo, más si cabe cuando soy un enamorado del género.
Quizás la mejor forma de empezar sea con un icono como West Side Story. También porque en este año 2011 se cumple el cincuentenario del estreno de la película. Además de ser un clásico es un icono del cine musical, no en vano ganó la friolera de 10 oscars de la academia. Es el musical con más oscars, y además las que más ganaron fueron Titanic, Ben-Hur y El señor de los anillos con 11 cada una.
La película, obra del mago Robert Wise, (Montador de Ciudadano Kane, director de Star Trek, La amenaza de Andrómeda, Sonrisas y lágrimas, marcado por el odio, Ultimátum a la tierra, El ladrón de cadáveres, etc...) puede considerarse el canon del musical. Encontramos en él todas las piezas necesarias para el éxito. Pasiones desbordantes y amores imposibles, injusticia, comicidad y un ajuste de su ritmo bastante comedido para sus 154 minutos.



Quizás en este aspecto guarde algo de su frescura, porque nos interesa lo que pasa y está construida con una inteligencia fuera de lo normal, no hay que olvidar que Robert Wise se inició en el cine de montador, por lo que domina el ritmo visual a la perfección. Aunque cada vez aguanta menos el avance del tiempo, típico de la última época dorada de Hollywood, en torno a la década de los cincuenta, en la que las producciones estaban encorsetadas, adornadas con un lazo hipócrita de languidez y ejemplo de sociedad perfecto. Hoy en día nos resultan películas manidas, llenas de maniqueo y de formas arcaicas a nuestro modo de entender el cine de hoy.
A pesar de este consabido escollo, disfrutaremos, si hay alguna persona en este mundo que aún no la haya visto, de una de esas películas imperecederas que venera el séptimo arte. Pues en esta película coincidieron muchísimos aciertos gracias a la visión de sus dos directores, el mencionado Wise y Jerome Robbins, que han hecho una cinta a modo de un cuadro pictórico, produciendo sensaciones visuales muy poderosas. La unión con la música es total, muchas de las veces parece que es la música la que mueve la imagen. Esta película está perfectamente coreografiada, no digo que hoy en día muchos de sus movimientos parezcan como forzados, pero si lo encuadramos todo dentro del contexto de expresión artística, veremos una verdadera obra de arte. Con decir que las mismas escenas de lucha con navaja están coreografiadas a modo de movimientos de bailarines de salón, que más que parece que se dan tajazos, se dan brochazos artísticos.



La múscica de Leonard Bernstein,(Famoso también por La ley del silencio y Un día en Nueva York) ayudó muchísimo, porque también va implícita esa violencia que ayuda a marcar las pautas de la coreografía, cosa que traía de cabeza a la dirección de la película. Wise y Robbins no acabaron precisamente como amigos, o al menos, como se suele decir, Robbins era un perfeccionista irrendento que traía de cabeza a Wise, aunque en el resultado final del producto se ve la manos de los dos, y los dos brillan, pero como suele pasar en la vida, Robbins fue despedido antes de terminar. El perro viejo era el otro. Lo patético del asunto es que el muscical original de Brodway había sido adaptado de una idea de Robbins, y ahora, el creador artístico quedaba fuera de la película, menuda paradoja. Os estareis dando cuenta a través de los artículos leídos, que las paradojas son para mí como lo grande que decora al cine y que sin él, sin el complejo mundo hollywoodiense no podría ser el cine como es.
Recordarme otro día que al filo de esta película os hable de Warren Beatty y como se arrastraba por los studios para pedir papeles, menudo personaje. En esta película es famoso por su ausencia, resulta que el quería hacer el casting para el papel principal, pero Natalie Wood, que mantenía una relación con el actor al tiempo que rodaron juntos “Esplendor en la hierba”, le acompañó y le leyó las réplicas, que claro está, eran de María la otra protagonista del musical. Al final, no consideraron a Beatty para el papel, en cambio contrataron a Natalie Wood para que encarnase a la chica puertoriqueña. Resultó ser un duro golpe para Beatty, ya que Natalie Wood y Rychard Beymer, los que resultaron protagonistas, no sabían ni bailar ni  cantar. Sí, amigos, siento decepcionaros, pero las voces que oís en la pantalla no son la de los verdaderos actores. Por lo demás, se vaciaron las mejores escuelas de baile para dotar a la película de una calidad superior. George Chakiris que interpretó el papel de Bernardo, hermano de María, era uno de los más refutados bailarines de Hollywood, quizás no conocido tanto como Fred Aster, pero de una calidad y finura extrema. No en vano, antes de West Side Story, había trabajado para otro conocidísimo musical, “Los caballeros las prefieren rubias”, ¿os acordais de Jane Russel y Marilyn Monroe?. Luego acabó sus días en la televisión, en series de culto, como “Dallas” o “Santa Bárbara”.



También ratifico que esta es la enésima versión del “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, y esta vez currado en versión musical, no como al abominación que nos ha dejado más reciente Baz Luhrmann con su “Romeo y Julieta” a lo new age. Debo confesar que ninguna producción merece menosprecio, menos aquellas que menosprecian la inteligencia del espectador. Y su última proeza es querer hacer una nueva versión de “El gran Gastby”, con lo buena que es la versión de Jack Clayton.
West Side Story, trata la sempiterna lucha entre montescos y capuletos, familias ancestralmente enfrentadas, y en las que no hay marco, aire ni espacio para Romeo y Julieta. Por eso es tan acertada la canción de “Somewhere”, en la que se representa esta situación. Los personajes románticos abocados a su trágico final, a su destino inexorable, y una muerte, que para aquella época y en un musical era bastante arriesgada.

Señores y señoras, disfruten con un clásico.


miércoles, 2 de febrero de 2011

MUERE JOHN BARRY



JOHN BARRY (1933 - 2011)

Muerto el 30 de Enero

 MUERE UNO DE LOS REFERENTES MUNDIALES DEL CINE. COMPOSITOR ENTRE OTRAS CINTAS DE:

BAILANDO CON LOBOS oscaar a la mejor BSO

MEMORIAS DE ÁFRICA oscar a la mejor BSO

LAS 12 PRIMERAS ENTREGAS DE 007

COWBOY DE MEDIANOCHE
ZULÚ

LA JAURÍA HUMANA

NACIDA LIBRE oscar a la mejor BSO

FUEGO EN EL CURERPO
FRANCÉS

COTTON CLUB

CHAPLIN nominado al oscar
EL LEÓN EN INVIERNO oscar a la mejor BSO




DESCANSE EN PAZ


sábado, 22 de enero de 2011

MUERTE EN VENECIA




La obra del arte por amor al arte,  eso es lo que había de haber pensado Luchino Visconti al filmar esta película. El arte parece buscar lo que la lengua en la meta-lingüística, hablar de si misma. Una obra maestra onírica casi al 99%. Película homónima a la novela de la que se adapta, de Thomas Mann. Un canto a la búsqueda de la perfección, la belleza, las formas, la verdad y el sentido de la vida.
Mucha gente aún hoy en día despacha esta obra maestra aduciendo que representa una defensa de la homosexualidad, con lo que sospechan de la homosexualidad de Luchino Visconti. No sé los demás pero yo opino que aquel que prefiera poner etiquetas rápidas y cómodas, que se dedique a reponedor de supermercado. Más allá de toda esta pantomima, es verdad que el jovén de lánguida y descuidada melena dorada al sol, con la tez nívea, clásica y típica de sangre y estirpe regia, pues no deja de ser una figura andrógena. Da pie a confusión, pero es perfecto para el juego de la busqueda del canon griego, para tapar bajo el niño, la virginal e incorrupta expresión de la fragilidad, del deseo de protección por parte de Dirk Bogarde, como si una palabra susurrada perdiera su belleza al elevar la voz.
Hablo de Canon griego porque en la Grecia clásica era una situación normalizada la relación entre hombres mayores y jóvenes adolescentes aunque resulte chocante hoy en día, pero hay que decir que la relación no es de carácter carnal como se puede entender en la actualidad, la penetración estaba mal vista, y un joven que recíprocamente le devuelva el cariño a un mayor con penetración, será estigmatizado de por vida. La relación se entendía como una muestra de cariño paterno filial sin serlo, es decir, el mayor protegía al joven, le enseñaba y prestaba ejemplo, precisamente para evitar otras aberraciones y el joven retribuía al mayor, con su belleza, con su juventud y ayuda en tareas. Paradójica mente, era una práctica muy extendida entre el ejercito.
Ahora, para los que hayáis leído la Iliada, entendereis mejor la relación entre Aquiles y Patroclo, y para los que no, podéis intuirla en la película “Troya” de Wolfgang Petersen, que aunque edulcorada en este sentido, deja intuir una relación especial.



Este largo paréntesis explica mucho mejor los resortes de la película de Luchino Visconti, pero además, a esto hay que añadir toda la atmósfera con la que el director adorna la película, desde la belleza de la ciudad de Venecia, con sus máscaras, misticismo y canales de agua. Las reminiscencias de Sigmund Freud con el agua y su relación con los sueños húmedos y los deseos sexuales también se sugieren implicitamente. La época, con connotaciones represivas inconscientes. No hay nada más que fijarse en los trajes de baño del momento, hoy en día son capaces de rebajarte la libido hasta niveles insospechados.
De forma paradójica, la película nos adentra en un mundo decadente, falto de energía, de forma, de sustancia. La sustancia que corona el largometraje, cada vez más, y que en la parte postrera de la película será el único tema central, es el joven Tadzio, elemento de admiración y veneración de nuestro personaje principal, el compositor alemán, Gustav Von Aschenbach.



Bjorn Andresen es el desconocido actor que representa al joven Tadzio. La verdad es que es complicadísimo componer un personaje así para las corrientes interpretativas del momento. No aporta ninguna estridencia, con una actuación orgánica llena de matices. Se trataba de llegar a la verdad no de forma fraudulenta, tenía que ser algo que fuese natural, poco más o menos que el realismo mágico. No penséis que eso era fácil de lograr, ya que lo que imperaba en aquel entonces en el cine era aún el sistema de estudios hollywoodienses, que aunque sin tanto poder mediático, porque en esa época era cuando comenzaban a desintegrarse, aún dictaban el canon del entretenimiento. Hasta aquel entonces, por lo general, el método interpretativo más extendida en hollywood era el de la banalidad, superficialidad y crear cuentos de hadas nada realistas para entretener al público con un placebo que los alienase de las verdaderas miserias del país. Claro está, la sociedad americana era liberal en el fondo y mojigata en su apariencia exterior, o formal.
La película baraja conceptos como la razón, la virtud, el orden, deseos de vida (Eros) y deseos de muerte (Thanatos), todos ellos referidos al progreso de la raza humana combinados en su justa mesura, aun cuando se antojan insuficientes para la consecución de la felicidad. Pero aquí, están de nuevo las represiones humanas, jugando como pequeños diablillos en pos de un equilibrio social, pero frágil, porque nada impide a los instintos, a nuestro ser primario que se revela, saca de nuestro fondo de armario los demónios, nuestros más grandes borrones. Señores, he aquí, la decadencia y la muerte.
La película nos da una clave, y es que para vivir, y vivir bien, todo aquello que nos produce placer, no tiene el defecto de ser malo, porque de querer alcanzarlo demasiado tarde, en la vejez, estaría fuera de contexto, se desvirtuaría, se volvería decadente, como nuestro buen amigo el compositor. Es un canto consabido al carpe diem latino. Precisamente, el protagonista es un hombre concienciudo y eticamente correcto, puede decirse que basicamente podríamos definirlo como una mente intelectual. Vive consagrado para sus libros y estudios, pero en la última parte de su vida le pica la investigación de campo, la experimentación. Hace volar a la loca imaginación y en cuestión de unos días, su esqueleto psicológico se derrumba delante de sus ojos, los deseos se apoderan de él, esos malditos locos abandonaron la habitación oscura donde habían estado recluidos bajo llave. Toda su vida, con su sentido se pasean delante de sus ojos, ya sólo quiere abrazar la belleza, la juventud, la sexualidad como poder del deseo. Instantes después nota como el tinte del pelo, recorre su cara. Aquella farsa, aquel juego de salón que utilizó para ganarle la partida al tiempo, toca a su fin. La imagen de la decrepitud se hace patente.



La verdad es que cada vez que lo pienso es bellísima, una metáfora total de la vida, en toda su grandeza y en lo efímero de su cenit.
Otro de los temas a los que nos enfrenta es al amor no correspondido y a lo que con eso obramos. Porque es verdad que el amor nos aporta alegrías, incluso nos embriaga, pero también envenena. Sobre todo cuando no se puede contar, ni siquiera susurrar o sugerir a un amigo como secreto inconfesable abusando de su amistad, son como ese cuchillo que se clava en el corazón y duele, pero que no te quitas por miedo a desangrarte.
Donde va El joven polaco, donde escapa el débil eco de los nuevos tiempos. Tadzio se adentra en el mar dejando huerfano de la ansiada perfección a aquel pobre viejo que esculpiera tras ella la utopía de su existencia, la razón de su vida. Semeja que Gustav el recluir los sentimientos provocó que se desatase la tiranía de la belleza, que avanza sin compasión pisoteando todo sin mirar atrás. Menos mal que el inexorable paso del tiempo atenúa la virulencia de las heridas, el problema radica en poseer un poco más de tiempo.
Para los curiosos he de decir, que el personaje del compositor a quien interpreta  Bogarde está inspirado en Gustav Mahler. Y para los que buscan curiosidades, la mejor crítica que se utilizó para lanzar la película fue la de la revista Playboy, hoy engalana todas las contraportadas del dvd.


sábado, 15 de enero de 2011

MUERTE ENTRE LAS FLORES



"Los Coen reinventan el cine negro en este filme sorprendente y virtuoso (...) película viva y apasionada (...) una obra maestra" (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

"Maravillosa, deslumbrante" (Carlos Boyero: Diario El Mundo)

La obra maestra de los Coen, seria, alejada del típico cachondeo que se desprende a raudales en el cine de éstos hermanos y sus habituales actores.  “Muerte entre las flores” En contraposición con “El gran Levobsky” con la que guarda cierta relación  temática, pero la primera cinta  es una película de peso en el género de cine negro, mientras que la otra es una comedia, una parodia del mismo mundo de la mafia, y a su modo, también genial.
Quizás el éxito más salientable de esta cinta es el haber preservado todo el olor a película del viejo Hollywood, pero manteniendose honesta y sin ningún adorno para la galería que estuviese fuera de lugar. Me parece todo un acierto esta fidelidad al género, pues no es muy frecuente el respeto de los clásicos, a excepción de ejemplos ya mencionados en esta bitácora, como es el caso de “Chinatown”
Esta es la tercera cinta de Joel y Ethan Coen, pero es la primera donde realmente han alcanzado renombre, luego se inmortalizaron con “Fargo”, “El gran Lebovsky”, “El hombre que nunca estuvo allí”, hasta la más reciente “Este no es país para viejos”.


En todos estos largometrajes puede verse un estilo definido, irónico e histriónico por momentos, pero muy diferente a la oferta de aquella época. Los hermanos Coen  podrían haber sido de la misma generación que aquellos realizadores, que temerosos a no superar “El padrino” tampoco se atrevieron a seguir indagando sobre el género. Los Coen, en este sentido eran unos valientes, pocos se atrevían, quizás Martín Scorsese aparte, porque ya era considerado un grande en el año que se presentó Muerte entre las flores, además al año siguiente estrenaría Uno de los nuestros. Los hermanos Coen eran unos atrevidos por estas y otras cosas, empezando porque venían de realizar una película de índole contraria y no creo que los estudios se tomasen muy en serio el proyecto desde un principio. Para más extrañeza, el humor negro que caracteríza a estos directores, sus puestas en escena demasiado oníricas para la época, aunque no me negareis que la escna del sombrero mecida por el viento mientras recorre la senda cubierta de hojas, no es de una belleza plástica inigualable.
La historia cuanta una trama de amor, celos y traiciones relatadas de manera atípica, por esa misma razáon, no entendemos la misma en toda su complejidad hasta bien entrada la segunda parte. Tom es la mano derecha de Leo, pero comete un error inperdonable, enamorarse de la misma mujer que el jefe, con lo que inicia una disputa en la sombra, siempre silenciosa, pero con dudas, porque en el fondo tenía un gran afecto por Leo que era amigo de muchos años atrás.El mafioso celoso declara la guerra a Tom que tiene tratos con los italianos...  en fín, seguro que notareis una forma un tanto peculiar de narrar una película de cine negro.



Todos rayan a una gran altura interpretativa. Gabriel Byrne no tiene nada que envidiar a los clásicos Al Pacino, Robert de Niro, etc... de Finney no hay nada más que decir,  salvo que está incontestable en su papel, a gran altura y proporcionando unos rasgos difenentes a los de Marlon Brando. Aunque para mí, el gran descubrimiento y sorpresa de esta película ha sido la importancia que ha cobrado el chivato, que en "El padrino" sería despachado sin más, aquí  goza de un espacio donde poder expresarse,  ofrece respaldo en las motivaciones y sentimientos de los protagonistas y además nos demuestra como una buena interpretación puede dotar a un personaje de un cierta humanidad, siendo una rata y realizando acciones de la más baja calaña. El actor que interpreta a este personaje excéntrico e histérico, es  John Turturro, el actor más carismático de la cuadrilla de los Coen. De escenas sombrías y una oscura fotografía que rememoran el ambiente del mejor cine negro. Un lujo. La mejor película del año. Un momento memorable, Turturro suplicando perdón en Miller's Crossing.


viernes, 7 de enero de 2011

ACTORES Y DIRECTORES QUE NOS DEJARON EN 2010


BLAKE EDWARDS


JEAN SIMMONS


JENNIFER JONES


DAVID CARRADINE


FARRAH FAWCETT


JOHN HUGES


PATRICK SWAYZE


KARL MALDEN


DENNIS HOPER


CLAUDE CHABROL



TONY CURTIS


ARTHUR PENN


LESLIE NIELSEN


DINO DE LAURENTIS


IRVIN KERSHNER


ERIC ROHMER


MANUEL ALEXANDRE


LUIS GARCÍA BERLANGA


http://vimeo.com/17706071